El arte es un espacio en el que confluyen distintos horizontes (social, político, estético). Y para lograr una fusión entre éstos es imprescindible valerse de la hermenéutica contemporánea. Gracias a ésta es posible articular una mediación –que se conecta con la teoría y práctica hermenéutica—, la cual permite establecer puentes entre el poder y el arte. El mundo puede ser descrito como representación, apariencia o simulacro a modo de límite trágico. Así pues, el poder del arte se desvela como una capacidad o expresión artística que puede –por un lado— hacer mella en el poder y los poderosos, o puede –por otro— legitimar al poder político. Para explicar estas ideas hemos tomado como ejemplos el espacio público urbano, el performance y el muralismo en el México del siglo XX.