Es imposible soslayar la importancia que han adquirido los colectivos, redes y grupos en la construcción de espacios no formales para la democracia participativa dentro de los cuales se expresa el pluralismo social, el antagonismo o disidencia que apunta a la ruptura con la concepción de los ciudadanos como receptores pasivos, constituyéndose hoy en día como actores que se organizan en torno a la defensa y promoción de derechos mediante acciones y estrategias que inciden tanto en el impulso de una agenda política que los tome en cuenta como en la elaboración e implementación de políticas públicas. En particular discutiremos estos procesos de participación ciudadana y la democracia en espacios alternativos enfocados en la cultura como derecho, su integralidad con otros derechos humanos y la resignificación de la identidad comunitaria a partir del análisis del Colectivo Marabunta, surgido en México desde 2007, el cual se gesta a raíz de la necesidad y urgencia de crear conciencia, tener acceso y participación en la cultura en barrios son lugares marginales, olvidados por las instituciones de gobierno, invisibilizados socialmente, considerados puntos rojos por los altos niveles de violencia, que buscan la inclusión y el rescate cultural a partir de su propia identidad comunitaria. El Colectivo Marabunta a lo largo del tiempo se ha constituido no sólo como un espacio multidisciplinario para generar cultura y bajar los índices de violencia y adicciones, sino también como un semillero para la participación ciudadana, la acción política, la defensa y promoción de los derechos humanos mediante el arte y la cultura, recuperación del espacio público, la libertad de expresión, dignidad, la solidaridad social que los ha llevado a reclamar el derecho a la cultura además de unirse a otras redes y grupos para incidir de manera activa en su efectividad y recientemente para la elaboración de la Constitución de la Ciudad de México.